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Entre alergias y creencias: el poder del Itil en Amazonas

Entre alergias y creencias: el poder del Itil en Amazonas

Le dicen el ‘árbol de la muerte’ y pueden llevar a una persona hasta perder la vida.Itil o árbol del Diablo, su nombre científico es Toxicodendron striatum, crece en las pendientes de los bosques tropicales. Si lo podemos relacionar con una planta, es parecido al mango: sus hojas son lisas y terminan en punta, su …

Le dicen el ‘árbol de la muerte’ y pueden llevar a una persona hasta perder la vida.
Itil o árbol del Diablo, su nombre científico es Toxicodendron striatum, crece en las pendientes de los bosques tropicales. Si lo podemos relacionar con una planta, es parecido al mango: sus hojas son lisas y terminan en punta, su tronco es gris y puede llegar a medir hasta los 10 metros de altura.

Pero en su interior tiene un líquido alérgico; una vez que se tiene contacto con él, puede tardar un máximo de cuatro a veinticuatro horas en manifestar los síntomas, principalmente una intensa comezón en el cuerpo que cuanto más se rasca, más aumenta.

Este árbol crece en provincias de Luya, Bongará y Rodríguez de Mendoza. Su fama no se debe precisamente a su sombra, sino a su peligrosa capacidad de causar fuertes reacciones alérgicas al contacto.

Alergia por itil


Características biológicas

Toxicodendron striatum pertenece a la familia de las anacardiáceas, plantas vasculares que producen savia con gran contenido de principios activos.

El agente desencadenante del daño es el urushiol, una mezcla de ortobencenodioles alquilados o catecoles alquilados, saturados o insaturados. Es un aceite incoloro o amarillo claro, presente en las hojas, el tallo y la raíz de la planta.

El cuadro se inicia con eritema, edema, vesiculación y pápulas, llegando en ocasiones a formar ampollas que pueden ser muy extensas. No se limitan al sitio del contacto sino que se generalizan al resto de la piel, con mayor compromiso de los pliegues.

Esta dermatitis es muy frecuente en Estados Unidos por el contacto con plantas pertenecientes al mismo género Toxicodendron, conocidas como plantas venenosas (hiedra venenosa, poison ivy, roble venenoso, poison oak y zumaque venenoso, poison sumac).

El mecanismo de lesión inducido por urushiol es eminentemente inmunológico, aunque al referirse a estas dermatitis se habla de dermatitis por plantas venenosas o dermatitis venenata, como si se tratara de una dermatitis de contacto irritativa.

En Centro y Sur América las dermatitis por T. striatum son muy conocidas y temidas por los campesinos y personas que trabajan en los bosques. (Moreno 2008).


La savia peligrosa

Su savia lechosa es una de las principales características de este árbol, que contiene el potente irritante de forbol. El mero contacto puede provocar severas heridas cutáneas.

De hecho, hasta protegerse bajo sus ramas en la lluvia puede provocar lesiones, ya que su savia diluida puede causar una erupción cutánea extrema. (RPP Noticias, 2016).


Frutos engañosos

Lo más peligroso de este árbol es su pequeña fruta redonda. Se dice que su sabor es agradable, pero sus efectos pueden ser mortales. Comer esta fruta puede causar vómitos y diarrea tan severos que deshidratan el cuerpo hasta el punto de no retorno, alerta la BBC.

Por ello, existe un conjunto de creencias o rituales que los habitantes locales practican para evitar ser afectados.


El saludo cortés

En zonas donde se le conoce como Pedro Hernández o Manzanillo, existe la tradición de ser extremadamente cortés con el árbol.

Los saberes campesinos dictan que nunca se debe ser descortés al pasar a su lado para evitar el peor de los picores.
Un saludo ritual es:

“Con su permiso, compadre Pedro Hernández.”
(Comfama, 2022).


Colcamar: El baile protector

En el anexo de Quillillic existe una práctica ritual. Según la creencia, al pasar cerca de este árbol es necesario bailar alrededor de la planta para evitar que esta te agarre y usar la hoja como pañuelo.

En caso de que la planta ya te haya “agarrado”, la solución consiste en cantar una canción de manera alegre. Por ejemplo:

“Yo me llamo Itil, tú te llamas PEDRO,”
repitiéndola varias veces con alegría, ya que cantarla enojado no hace efecto.

En San Juan, cuando te coge el Itil y provoca alergia, para quienes no desean cantar existe una alternativa: buscar la carapa de plátano (hoja de plátano), volver al lugar y colgársela sobre la rama, amarrártela al cuello y colgarse hasta que se rompa la carapa.


Providencia

En el anexo San Pedro también se practican costumbres vinculadas a la madre naturaleza. Al pasar por el Itil, es necesario saludarlo de acuerdo con la hora del día:

“Buenos días, Itil” o “Buenas tardes”.

Si el árbol es hembra —identificado por su color blanco— se le dice “tía”, y si es macho —de color colorado— se le dice “tío”.

Después de saludar, no se debe volver a mirar a la planta. En caso de que la planta “te agarre”, es decir, cause algún malestar, el remedio consiste en colgarse una carapa (hoja de plátano) para sanar.


Cuento: El remedio del árbol es también su castigo

Porfico no creía en esas cosas. Era un chiquillo de los que se trepan a todo lo que dé sombra o fruta: guabas, naranjos, guayabos, mísperos… los conocía por dentro y por fuera. No había rama que le negara su amistad.

Hasta que un miércoles, después del colegio, bajó al trapiche con su jebe al cuello —ese que su madre decía que olía a canchul, este es un animal que lo come las gallinas, este comienza a oler cuando lo matas y lo tienes que cortar el rabo para que esto no suceda— y vio, al borde del camino, un árbol desconocido.

Tenía el tronco con capachos de gusanos y esas bolitas rojizas que parecían dulces prohibidos. Porfico, naturalmente, quiso treparse. Pero algo, quizá el zumbido de las abejas bravas o la mirada invisible del monte, le detuvo la pierna a medio impulso.

Al rato, ya en la molienda, empezó a sentir una picazón endemoniada. Primero en el cuello, luego en los brazos, como si el árbol se hubiera vengado con escamas de fuego.

Llegó a su casa rascándose como perro con sarna. Su madre lo miró, no dijo palabra. Salió, cortó una carapa de plátano, la deshilachó hasta formar una soga y se la amarró al cuello. Luego, lo llevó hasta un arbolito joven de mango y, con un movimiento seco, pasó la cuerda por una rama, alzándolo apenas, lo justo para que los pies de Porfico apenas rozaran el suelo.

Discúlpelo, tío hitil —dijo—. Es un niño nomás. No sabe todavía.

Porfico, que ya sentía el escozor calmarse, no entendió del todo. Pero algo le quedó dando vueltas. Desde entonces, cada vez que se topaba con uno de esos árboles de bolitas brillantes, hacía un saludo rápido, como quien no quiere que lo vean hacer tonterías.

Tashtío —murmuraba, mientras daba pasos largos sin mirar atrás y se perdía en el monte.


No debes comer

En San Pedro (Providencia), cuando te coge el Itil y provoca alergia, para sanar no debes consumir ciertos alimentos, como el ají.

En Camporredondo, anexo Túpac Amaru, en este lugar también mantienen sus creencias, y para sanar del Itil se tiene que ir a miccionar a la planta. Anteriormente, agarraban las hojas y se las pasaban por todo el cuerpo.

Caso:

“Yo pasaba por su lado, lo agarraba y no me hacía nada, pero le corté la planta y desde ese entonces comenzó a agarrarme. Ese tipo de planta hay dos tipos: el blanco y el colorado, que es el más fuerte.”


Prohibiciones

No se debe comer cebolla, porque se cree que despierta la alergia del Itil. Evitarla es parte del cuidado y respeto hacia su propia curación.


En Rodríguez de Mendoza: diálogo simbólico

En esta provincia también crece el Itil. Acercarse a la planta o pasar por su lado, las personas establecían una especie de diálogo simbólico:

“Yo me llamo Itil y tú te llamas PEDRO”

como si se presentaran mutuamente. Una costumbre cargada de creencia y respeto, que busca crear una conexión para evitar o aliviar los efectos de la alergia vinculada al contacto con la planta.


Para la medicina

El tratamiento recomendado es lavar con abundante agua y jabón en las primeras cuatro horas después del contacto, así como lavar todos los objetos contaminados.

Los medicamentos no acortan el curso de la enfermedad de manera importante. Las lesiones desaparecen en una a dos semanas.

El interés del tema está en que los clínicos se familiaricen con la entidad, conozcan el mecanismo de lesión y entiendan la importancia de la educación para el control de esta enfermedad. (Moreno 2008).


Conclusión

En cada rincón encontramos un lazo entre la naturaleza y la cultura. Cada ritual, saludo o prohibición revela cómo las personas transforman el miedo en respeto.

Si bien este árbol se viene extinguiendo, su labor en la naturaleza es preservar los bosques y evitar su destrucción.

Ahora basta con acudir a un centro de salud y una simple ampolla para recuperarse, pero no debemos olvidar que la labor de un solo árbol puede tener un gran impacto en el equilibrio ambiental.

Recolección de datos: Jorge Luis Chávez Gómez


Referencias